lunes, 28 de marzo de 2011

El pan

El dolor de cabeza se pasa, o pretendes que no te duele, o simplemente te echas algo al buche. 
Llegas cansada, mentalmente. Con el estómago vacío, ya que la puta hora en que entras es casi, mejor dicho, es la hora del almuerzo. Caminas a casa, el trayecto es corto, pero se te hace infinito. Esa terrible espera se alarga, como caminar en una escalera automatica en dirección contraria. Mientras mas caminas, no avanzas. Cruzas la calle, compras unos panes, jamón y queso. Te enfrentas al pequeño semáforo de peatones, esperando con otros fulanos, el verde. Ves pasar los autos, y detienes la mirada, fijamente en el monito rojo, suponiendo que con la mente lo cambiaras de color. Sigues su juego, y esperas.
La verde, por fin, la verde. Cruzas la calle, caminas con el palpito en tu cabeza, como si tu corazón estuviera ocupando el lugar de tu cerebro. Metes la llave, la giras dos veces para sacarle el cerrojo. Entras, pensando que te robaron todo por haber dejado la ventana abierta, pero no, todo esta en orden. Dejas todo tirado en el sillón, y te preparas un pan. Pones el hervidor con un poco de agua. Lo esperas, ya no aguantas más.
Te haces un té con dos de azúcar, sacas la ropa húmeda que esta en la silla, te sientas y comienzas a comer, y es ahi cuando te das cuenta que un simple y humilde pan vale la pena.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Disfruta


Escucha los pájaros cantar, tu despertador sonar, el agua que corre de la llave, tu respiración, tus pasos al caminar, el crujir de la madera, la tetera al hervir, prepararte un buen café, la cuchara al revolver. Siente el agua recorrer tu cuerpo, tu pelo, tu cara, las hojas y el viento. Mira el sol asomarse por la ventana, mira tu cara por la mañana.

sábado, 30 de octubre de 2010

Fragilidad


Quisiera poder guardar mis pensamientos en un baúl, porque la mente es frágil y las cosas con el tiempo se olvidan.

jueves, 21 de octubre de 2010

La estresada: adaptación



Me llamo Karla. Bueno, al menos ese es el nombre con el que firmo. Ya se que dicen que mucho estrés provoca perdida de memoria, pero yo no estoy estresada, un poco excedida de trabajo tal vez, pero estresada nunca. Y tampoco estoy de mal humor, para nada. ¿NO ME ENTENDISTE? ¡¿NO-ES-TOY-DE-MAL-HU-MOR!?, ustedes, los profesores, me ponen de mal humor con sus preguntas.

Si, hoy he tomado café. No mucho, unas 5 tazas. Hey! que para ser las una de la mañana no estoy tan mal. ¿Cuántas horas dormí anoche? Las necesarias, por supuesto: cinco.

Si, si, salí de parranda hasta las seis y media de la mañana. ¿Y en que momento se supone que estudie si salgo de clases a las seis y cuarto de la tarde?

Ahora que lo dices, si, he notado que me duelen las manos. ¿Por el computador? ¡Que estupidez! Hace años que ocupo el computador y nunca me habían dolido las manos. ¿Qué como me va en el colegio? No muy bien que digamos. Sí, me cuesta concentrarme. Es que tengo demasiadas cosas que hacer, además no hay mucho tiempo para estudiar. ¿El libro? Claro que algo he leído, unas cuarenta páginas. Que más da, cuarenta de quinientas. Sí, mamá, enseguida voy. Perdón, ¿Dónde íbamos…? ¡Shh!, deja, yo me encargo. Como te iba diciendo… ¡¡¡QUE YA VOY MAMÁ!!! Espérame. ¿Cómo dice? ¿Qué no puedo decirle que no a nadie? ¿De donde sacaste eso? Déjame tranquila, por favor, y convídame un cigarrillo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Una mañana

Escuchar el pitido de tu reloj despertador, ver el reloj marcando las siete en punto, levantarse para ir a la ducha, caminar al baño mientras los pájaros cantan. Encender el calefón, darse una buena ducha con agua tibia. Secarse. Ponerse ropa seca y lavarse los dientes. Bajar las escaleras, prepararse un rico desayuno, tostadas con mantequilla, té y un yogurt con cereales, caminar al comedor, sentarse. Comer, masticar, degustar el desayuno con la luz natural de una mañana. Limpiarse con una servilleta, escuchar el sonido que emite la cuchara al revolver el té y masticar el pan crujiente. Lavar los platos con una esponja. Subir a la habitación, ponerse zapatillas, mirarse al espejo, tomar la mochila, las llaves, los cigarrillos y adiós hogar.